31 de diciembre de 2012

La película del año


Madrid, 1987: un trepidante ejercicio de ciencia-ficción en el que Alberto Ruiz Gallardón intenta desesperadamente que las leyes civiles retrocedan en el tiempo.

Una pistola en cada mano: un durísimo thriller con el ministro De Guindos presupuestando en plan kamikaze.

Lo imposible: inacción sin tregua de la mano quimérica de Mariano Rajoy.

Los miserables: todo un clásico del capitalismo con la cúpula de Bankia en el esplendor de su arte. 

El caballero oscuro. La leyenda renace: poderosa secuela con Artur Mas metidísimo en el papel de salvador de su tierra. 

Blancanieves: remake de la fábula de la joven e inexperta Sorayita imponiéndose en un Gobierno donde crecen los enanos. 

La ciénaga: pegajoso drama coprotagonizado por Juan Carlos I y su más que turbia prole.

La mujer sin cabeza: con la presunta ministra de empleo Fátima Báñez en el papel estelar.

La suerte en tus manos: un biopic sin piedad sobre Angela Merkel.

Un buen partido: la mejor actuación -y ojalá que la última- de Iñaki Urdangarín.

Bonsái: una mirada intimista sobre nuestras perspectivas de crecimiento tras los recortes.

A Roma con amor: una desenfadada comedia sobre la Conferencia Episcopal donde Su Reverendísima Eminencia Rouco Varela nos sorprende con alguna que otra escena subidita de tono.

27 de diciembre de 2012

Un espejo

Ambos hombres son heterosexuales. Son amigos desde la juventud. Llevan puestos unos calzoncillos horribles y bastante parecidos. Los dos tienen la piel pálida, los hombros débiles. Y ese augurio de barriga tan propio de los cuerpos que empiezan a ser más viejos que la autoimagen de sus dueños. Están a solas. Han reservado la suite nupcial de un hotel barato. Nunca han tenido sexo con otro hombre. Acaban de encender la cámara que han traído para filmarse. Se acercan precavidos, de costado. Se miran a sí mismos mirándose. Detrás tienen un espejo. Delante tienen todo lo que no son capaces de ser. Eso cuenta la película Humpday, de Lynn Shelton, especialista en observar conflictos invisibles.

24 de diciembre de 2012

El globo

Al oeste de Coruña, en los bordes de la ciudad, visito la estupenda biblioteca del centro Ágora. Erigida en el antiguo erial de una zona carenciada, se me antoja un ejemplo de esperanza en tiempos críticos. Su arquitectura, dicen, se inspiró en La montaña mágica. La idea de que una biblioteca entera imite a un solo libro habría hecho las delicias de Borges o de Wilcock. En su interior, los espacios libres y la luz natural tienen tanta importancia como el mobiliario. Es un lugar para pensar los lugares. Apenas lleva abierta un año y ya tiene miles de socios. Los contenidos de la biblioteca están divididos por edades e idiomas, con especial atención a la población inmigrante. De sus paredes no cuelgan retratos de escritores sino de los propios vecinos, sus habitantes máximos. En uno de los pasillos me encuentro una pizarra llena de pequeñas notas, donde los niños han pegado sus propuestas para completar el entorno de la biblioteca. Muchos piden canchas de fútbol, toboganes, columpios o zonas para perros. Pero uno de ellos, con letra ligeramente temblorosa, dejó escrito: «Un globo que no se destruyera». Jamás un gran deseo conoció tan sencillas palabras. Quizás ese globo exista. Esos niños lo inflan cada vez que abren un libro.

20 de diciembre de 2012

Poderoso caballero (y 2)

En cierta ocasión le preguntaron al expresidente Aznar qué cualidad prefería en una mujer. Sus prominentes abdominales respondieron sin dudarlo: «Que sea mujer». Una mujer-mujer no sería una mujer tartamuda, ni una mujer al cuadrado. Sino aquella que se queda pasiva. Que acepta el rol histórico que le tocó en herencia. Que se comporta, en suma, exactamente como esperan los hombres-hombres. Entre la biología elemental y la Edad Media, el ministro Gallardón afirma que la maternidad es lo que hace a las mujeres «auténticas mujeres». Y si de paso pueden tener unos cuantos retoños, y poco tiempo para cosas como el trabajo o la política, mejor que mejor. Virginia Woolf tituló este sofisma Killing the Angel in the House. Gallardón ha declarado su intención de «defender a una sola mujer que quiera ser madre y no pueda». Tan o más grave sería no querer (o no estar en condiciones) de ser madre, y que el Estado te fuerce a serlo. Habrá que recordarle al gallardo ministro que una madre es mucho más que un mamífero. Que la reproducción es una opción y no un destino. Y que, mientras su Gobierno siga descuidando la incorporación laboral de las mujeres, los servicios educativos para menores de 3 años, las leyes de dependencia o la igualación de los permisos de maternidad y paternidad, la mujer podrá ser toda una madre, pero seguirá siendo media ciudadana. 

17 de diciembre de 2012

Poderoso caballero (1)

Un año hemos cumplido, y nos parece un siglo, de tijeras del PP. La estrella de la legislatura no está siendo De Guindos, que no toma decisiones, sino que las acata: es la guinda del pastel financiero. Ni tan siquiera Wert, ministro de incultura, cuyas inenarrables intervenciones han traído una nueva emoción a la política española: el Wértigo. Para mí el ministro estelar ha sido Gallardón, porque es el único miembro del gobierno que, en este año de penurias, da la impresión de ser más él mismo que nunca. Mientras Gallardón estrenaba su cargo, un individuo llamado Richard Lee Norris se sometió al trasplante de cara más amplio de la historia. Antes de operarse, nuestro hombre vivía encerrado y sólo salía a la calle por las noches. Desde que ha recobrado su rostro, se mueve a plena luz del día y se muestra tal como es. Algo similar parece haberle sucedido a Gallardón. Él también se ha hecho un trasplante. De cara dura. Durante años pareció un centrista recluido, un liberal desfigurado. Ahora por fin luce su auténtica facha. 

12 de diciembre de 2012

10 microapuntes sobre micronarrativa


1. No es lo mismo lo breve que lo corto: lo breve calla a tiempo, lo corto antes de tiempo. 

2. La vocación de todo microcuento es crecer sin ser visto. 

3. Lo más particular del microcuento no es su minúscula extensión, sino su radical estructura. 

4. Puntuarlo con bisturí. 

5. Un microcuento empieza entre comillas y termina en puntos suspensivos. 

6. Los verbos vuelan, los sustantivos corren, los adjetivos pesan. 

7. La tentación del chiste es la termita del microcuento. 

8. Los personajes de un microcuento caminan de perfil. 

9. El microcuento necesita lectores valientes, es decir, que soporten lo incompleto.

10. 
Cuanto más breve parece, más lento se lee.

7 de diciembre de 2012

Un matiz desesperado

Existe una diferencia brutal entre ocio y placer. El ocio cancela el tiempo, olvida su circunstancia, sucede como fuera de contexto. El placer es, en cambio, agudamente consciente del tiempo y sus pérdidas. Demasiado al tanto de nuestra mortalidad, el placer supone entonces una forma de resistencia. Los desesperados no se lanzan al sexo simplemente para huir. Sino para comprobar que siguen vivos. Que sus cuerpos conservan la capacidad de protestar ante el dolor, de darle réplica. Ocio: vacaciones. Placer: prórroga.

4 de diciembre de 2012

El recipiente

En el portal de cine al que soy adicto, cada vez que termina una película, aparece un fotograma congelado. Como un cartel casual o una postal lejana que te mandaran los personajes. Mientras nos quedábamos mirando en el monitor ese último fotograma mudo, mi compañera hizo algo extraordinario: bajó el volumen. Ambos nos sorprendimos de su gesto. Quizá fue una sinopsis. La película que acabábamos de ver era Bonsái, de Cristián Jiménez, basada en la novela de Alejandro Zambra. En ella se cuenta la pequeña historia de un primer amor que, al igual que un bonsái, no sobrevive fuera de su recipiente. Un argumento es su estilo. Y una emoción es el instante que la envuelve, su contexto. Por eso, al recordar una emoción o resumir un argumento, resulta tan intensa nuestra sensación de extrañeza. No es la distancia temporal lo que la provoca, sino la modificación del recipiente original. De ahí que el artificio del lenguaje sea el único modo de transplantar una experiencia. Eso parece sugerir, con una especie de violenta discreción, Bonsái. A veces no sabemos qué pasó. A veces lo mudo grita. Entonces escribimos para bajarle el volumen. 

30 de noviembre de 2012

Sarcófago

En su infalible carrera hacia el suicidio institucional, el PP ha anulado las jornadas de puertas abiertas en el Congreso de los Diputados. El día de la Constitución, por tanto, ningún ciudadano podrá ingresar en las instalaciones que lo representan. Para perfeccionar el plan, sugiero que el Gobierno, una vez dentro sus señorías, clausure también las puertas y selle los ventanales y apague todas las lámparas. Así obtendremos el exacto sarcófago en el que yace, muerto de risa, el cadáver de lo que un día creímos ser.

26 de noviembre de 2012

Palabras para un hijo novelado

Diviértete, ¿me oyes?, cuesta mucho trabajo divertirse, y ten paciencia, no demasiada, y cuídate como si supieras que no siempre vas a ser joven, aunque no vas a saberlo y está bien, y que siempre haya sexo, hazlo por ti y también por mí, hasta por tu madre, mucho sexo, y que los hijos vengan tarde, si vienen, y ve a la playa en invierno, en invierno es mejor, ya vas a ver, y que de vez en cuando viajes solo, y que no te enamores todo el tiempo, y sé coqueto, ¿me oyes?, los hombres que no son coquetos tienen miedo de ser maricones, y si eres maricón, sé un hombre, en fin, los consejos sirven de poco, si no estás de acuerdo no los escuchas, y si ya estás de acuerdo no los necesitas, nunca confíes en los consejos, hijo, un agente de viajes recomienda lugares a los que nunca va, me vas a querer más cuando envejezcas, pensé en mi padre en cuanto nos bajamos del camión, el verdadero amor por los padres es póstumo, ya me siento orgulloso de lo que vas a hacer, me encanta cómo cuentas las horas con los dedos cuando pones el despertador, ¿o te crees que no te veo?, lo haces a escondidas, por debajo de la manta, para que yo no sepa que te cuesta hacer la suma, voy a pedirte un favor, pase lo que pase, por muchos años que tengas, no dejes de contar las horas con los dedos.

(De la nueva novela Hablar solos, ahora en México.)


22 de noviembre de 2012

El labio de Gloria

Quizá vemos películas como pretexto para curiosear en las vidas de sus actores, auténticos personajes de sí mismos. Después de gozar In a lonely place, joya noir de Nicholas Ray, me informo sobre la protagonista. Para resumir a semejante señorita, basta decir que iguala en magnetismo y misterio a su compañero de reparto, un tal señor Bogart. La película reflexiona con sutileza sobre el daño amoroso, el cual depende tanto de lo que el otro nos haga como de lo que sentimos que sería capaz de hacernos. Sin embargo, nada más fascinante que la historia de la propia actriz, Gloria Grahame. Su carrera fue precoz y terrible. Obtuvo una nominación al Oscar con 24 años. Ganó otro poco tiempo después. Trabajó con varios de los mejores: Cecil B. DeMille, Frank Capra o el mismísimo Ray, con quien acabaría casándose en segundas nupcias. Aquel matrimonio se rompió drásticamente cuando el director sorprendió a Gloria en la cama con su hijo de 13 años de edad. Con inquietante precisión, ella tuvo tres matrimonios que duraron tres años cada uno. El cuarto y último resultó el más duradero: el afortunado fue, curiosamente, el hijastro con el que se había acostado. Insatisfecha por el aspecto de su finísimo labio superior, Gloria se sometió a una cirugía. La operación le dañó el nervio y su labio quedó inmóvil. Jamás pudo recuperar una dicción normal. Desde entonces se dedicó al teatro, como había hecho su madre. Murió bastante joven. No sé si ahora sonríe.

19 de noviembre de 2012

Trío

El rigor de las greguerías radica en la falta de seriedad con que, en ocasiones, alcanzan la trascendencia. Le leo a Elías Moro: «los sonámbulos son nuestros fantasmas de andar por casa». Lo mismo podría decirse de los noctámbulos. Y de los ex.

15 de noviembre de 2012

Selección natural

Ayer salí a la manifestación contra los recortes del Gobierno y observé, en mi camino, qué negocios seguían abiertos pese a la huelga general. Algunos bares. Muchas zapaterías. Todas las joyerías, oh. Una tienda de trajes de novias. Otra de cuartos de baño. Un solárium para broncearse en invierno. El navideño Corte Inglés, la caritativa Zara, la elegante Adolfo Domínguez, la popular Blanco, la progresista Natura. Al pasar frente a esta última, le pregunto a un empleado por qué un local con ínfulas solidarias no apoya la huelga. Él se encoge de hombros y responde: Porque mis compañeras dicen que están contentas con la empresa. Natural.

14 de noviembre de 2012

Se cierra

La Alhambra sólo cierra dos días al año: Navidad y Año Nuevo. Las 363 jornadas restantes está repleta de turistas de todo el mundo. La Alhambra es el monumento más visitado de España. Fue el último bastión frente a los Reyes Católicos. Jamás llegó a ser expugnada por las tropas imperiales: simplemente la rodearon. Mil años más tarde continúa en pie. Hoy, día de huelga general, la Alhambra está cerrada. Las tropas nos rodean.

12 de noviembre de 2012

Perjudicial

En uno de sus frecuentes ataques de furor reproductivo, Gallardón declaró que un hijo indeseado no daña la salud de las mujeres. Pero un ministro indeseable daña la salud de los ciudadanos.

8 de noviembre de 2012

Bombardeo

Me estremece un reportaje sobre la desolación de buscar trabajo con más de 50 años. Gente forzada, en plena madurez profesional, a empezar de cero o retirarse. No puedo evitar pensar que la cronista, o cualquiera de sus admirables colegas, podría protagonizar la misma información que ofrece. En condiciones normales, la escritura periodística parte de una premisa similar a la literaria: la búsqueda de cierta perspectiva desde la cual observar y comprender determinada realidad. Sólo en las guerras informador y noticia, narrador y relato, se superponen brutalmente. Cuando cae el cuarto poder, el primero nos dispara con toda impunidad. Esto es un bombardeo.

5 de noviembre de 2012

Desordenar los manuales

Ninguna etiqueta explica la realidad, pero algunas la mutilan hasta volverla incomprensible. De eso que llamamos Boom aprendí el abismo entre los rótulos y las obras. ¿Qué tiene que ver Lezama con Onetti? ¿Por qué García Márquez (1927) y Vargas Llosa (1936) sí, mientras Puig (1932) no? ¿Hasta cuándo maestros como Di Benedetto o Ribeyro seguirán fuera de la foto? ¿Por qué en el retrato generacional no figuran poetas, habiéndolos brillantes? ¿No resulta sospechoso que ni siquiera Elena Garro, Silvina Ocampo o Clarice Lispector aparezcan en tan viriles listas? De eso que llamamos Boom admiro la ambición estética de sus autores, que me hace pensar en la infinitud de la escritura; y recelo de sus mesianismos políticos, que me hacen pensar en la patología del liderazgo. Y, en el centro de tanta generalización, dos décadas de textos memorables: El Señor Presidente, El astillero, Pedro Páramo, El sueño de los héroes, Zama, El coronel no tiene quien le escriba, La ciudad y los perros, Aura, El obsceno pájaro de la noche, Las invitadas, Final del juego. Tan grandes que merecen ser leídos como por primera vez, desordenando todos los manuales.

(Más opiniones sobre el 50º aniversario del Boom, en El País.)

2 de noviembre de 2012

Del rigor en la ciencia

Mucho se ha hablado de la alarmante falta de sensibilidad de este Gobierno y sus ministerios a la hora de tachar cultura, sanidad y educación como si fuesen casilleros en un impreso bancario. «Versátil en el error», como alguna vez ironizó Borges, el Gobierno sin embargo no se detiene ahí. Los degüellos en ciencia están siendo insólitamente cruentos, tanto en España como en todo el continente que se llamaba Europa. El riesgo es, ni más ni menos, expulsar de sus países a una generación entera de científicos y romper para siempre, en cada uno de ellos, la cadena de transmisión investigadora. Ese daño durará mucho más que la crisis económica. En el mapa grande, leo la carta abierta que 42 premios Nobel han dirigido a la UE mientras prepara sus próximos presupuestos. En el mapa pequeño (que, como en el cuento de Borges, muchas veces coincide con la totalidad), leo la pancarta que con humor y dolor han dibujado en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en Granada. Un personaje pregunta qué se siente al hacer descubrimientos científicos. El otro personaje contesta: «Hambre».

29 de octubre de 2012

Orgasmo de frontera

Por no sentirme tan acomplejada ante los conocimientos científicos de Ezequiel, le he enumerado los distintos verbos que existen en español para nombrar un orgasmo. En Cuba, por ejemplo, le dicen venirse. Ese infinitivo me gusta porque sugiere un acercamiento a alguien. Es un verbo para dos. Y bastante unisex. En España le dicen correrse. Que supone más bien lo contrario. Despegarse al final, alejarse del otro. Es un infinitivo para machos. En Argentina le dicen acabar. Suena como una orden. Parece una maniobra militar. Tengo una amiga peruana que lo llama llegar. Dicho así, se vuelve casi una utopía (y muchas veces lo es). Como si estuvieras lejos o te hiciera falta más tiempo. Su marido dice darla. Interesante. Suena a ofrenda. O, siendo pesimista, a un favor que te hacen: ahí tienes. Siendo así, tampoco me extraña que mi amiga no llegue. En Guatemala se usa irse. Eso ya es un abandono declarado. Sólo les faltaría añadir: después de pagar. En otros países dicen terminar. Frustrante. Suena a que se abre la puerta, te interrumpen y te quedas a medias. En cambio aquí, quizá porque somos de frontera, le decimos cruzar.

(De la nueva novela Hablar solos. Ediciones en Colombia y Chile.)

26 de octubre de 2012

Tramposos (2)

¿No hay cierta semejanza entre el dopaje deportivo y el fraude financiero? La obsesión por el récord y el imperativo del crecimiento obedecen a una misma patología social. Primero aplaudir determinados milagros estadísticos, incluso ponerlos como ejemplo. Y después echarse las manos a la cabeza. Qué tentador confundir la victoria con la desmemoria, la autosuperación personal con la farsa del superhéroe.

25 de octubre de 2012

Tramposos (1)

Me sorprende la sorpresa por dopajes como el de Armstrong. El impacto que causan es directamente proporcional a esta doble moral tan nuestra. Nos encantan los récords compulsivoslas marcas imposibles, los esfuerzos sobrehumanos. Pero nos escandalizan los métodos anómalos que, como es lógico, estos suelen requerir. ¿Quiénes son más tramposos: los atletas o su público?

22 de octubre de 2012

El martillo

Como todo el mundo sabe, en cada habitación donde dormimos, en cada hotel al que vamos, nos espera un martillo que es el mismo de siempre. Ese incansable martillo nos persigue y, en cuanto nos reconoce en la habitación contigua, se pone a ladrar clavos de contento. Nosotros, naturalmente, tratamos de dormir. Pero él jamás se aquieta. Insiste. Se ensaña en la pared de nuestro sueño. Quizá sea una suerte. Quizás esté velando por nosotros. Martillo temporal, golpe de vida, empecinado pulso. 

18 de octubre de 2012

Niño al revés

Como un niño al revés, aprender a escribir quizá consista en desaprender a hablar. En ir desactivando automatismos, expresiones ajenas, conceptos heredados, hasta toparse con la pavorosa incertidumbre de cómo decir las cosas. Desde ese punto de vista, alguien que se declare experto en escritura sería lo contrario de un escritor.

15 de octubre de 2012

Aterrizar

Veo caer, caer, caer a Felix Baumgartner. La caída es tan inconcebiblemente larga que va perdiendo su naturaleza, empieza a parecer un estado voluntario. Lo milagroso no es el récord, sino ese fenómeno de monstruosa belleza. La mutación de su humanidad terrestre y bípeda. Mientras Baumgartner se precipita a más de mil kilómetros por hora, de repente me acuerdo del primer discurso público de Perec. En aquella ocasión, el joven Perec habló de la necesidad de lanzarse en paracaídas. De ese instante sin retorno en que, pudiendo callar o abstenerse o quedarse quieto, alguien habla, escribe: se tira. Al otro extremo del tiempo, en su último discurso, Perec se refirió al deseo de cambiar repentinamente de vida. De hacer todo lo que no se ha hecho. De decir lo no dicho. Finalmente, Baumgartner aterriza. No dice una palabra. No sabe qué decir. Tan sólo se arrodilla. Hasta que no lo narre, no habrá tocado el suelo.

12 de octubre de 2012

Manifestarse

¿Y de qué sirve manifestarse?, objetan los pragmáticos. Eso depende de qué entendamos por utilidad. Cuando se asfixia el concepto de ciudadanía, ir a buscar al semejante, verificar su existencia, es útil en sí mismo. Se sale a la calle no sólo para expresarse ante un posible, y por lo general bastante sordo, interlocutor público. Sino también para toparse con la emoción del par. En situaciones críticas, leer propicia un milagro análogo: comprobar que alguna vez alguien, en algún lugar, escribió sobre experiencias similares. El libro sería entonces una ciudad donde lector y autor, en tiempos diferentes, se encuentran en la misma rabia. 

8 de octubre de 2012

Amor gradual

Nunca fui, lo confieso, un entusiasta de Ashbery. Y he militado, casi, contra cierta moda de los gestos ashberianos: esa tendencia a confundir elusión con reflexión; esa insistencia mecánica en las interrupciones; esa especie de artefacto digresivo que evita la síntesis; ese difuminar una anécdota ya de por sí banal; y un áspero etcétera. Sin embargo, porque a los poetas grandes se los relee incluso sin querer, me sorprendo admirando a un Ashbery distinto en Como un proyecto del que nadie habla. Magnífica y, en el mejor sentido, caprichosamente traducido por el uruguayo Roberto Echavarren. «Es necesario escribir acerca de las mismas cosas/ de la misma manera, repitiendo las mismas cosas una y otra vez/ para que el amor continúe y sea gradualmente diferente (…)/ Sólo entonces la falta de atención endémica/ de nuestras vidas puede enroscarse alrededor de nosotros, amistosa». Quizá la poesía sea ese atento tentáculo que, a fuerza de enroscarse y repetirse por los siglos de los siglos, nos permite distinguir un día de otro.

3 de octubre de 2012

Hablar solos

Dentro del hospital mantengo mi misión. Mi misión me mantiene. La vida se vuelve más difícil afuera. No sé si existirá algún nombre para ese secuestro. ¿Síndrome de Fleming? Cuando no cuido a nadie, nadie me cuida. Cada tarde, al abrir la puerta y colgar el bolso en el perchero, me doy cuenta de lo grande que va a ser esta casa. La recorro vacía. Parece decorada por extraños. Como un museo de nuestra propia vida. Yo soy su única visitante y también una intrusa. No hay nadie aquí. No hay nadie en mí. La que llora, la que come, la que duerme una siesta, la que va al baño es otra. No me decido a ver a mis amigos, porque siempre me preguntan lo mismo. Ni tampoco a huir de ellos, porque me da miedo que dejen de preguntarme. Cuando me acuesto, mientras cierro los ojos, fantaseo con que no me despierto. Necesito una agresión. Necesito que alguien me recuerde que estoy en mí. Necesito a Ezequiel como a una raya. Como un gramo, un kilo, un cuerpo entero. No hablo de amor. El amor no puede entrar en las deshabitadas. O entra, y no encuentra nada. Hablo de asistencia urgente. De reanimación eléctrica. Necesito pegar y que me peguen. Quiero que me ultrajen tanto que ya no me importe. Quiero ser virgen, no haber sentido nada. 

(De la nueva novela Hablar solos, desde hoy en España. Información, aquí.)

1 de octubre de 2012

Aventura

Salimos a comprar dos pijamas de algodón sin agujeros. Después fuimos a otra tienda para cambiar la máquina de café, que había desertado de cansancio. Después cenamos una rosca seca de pollo, tomate y queso. Después vimos un thriller noruego, Headhunters, bastante hiperquinético. Después volvimos a casa y nos tomamos un descafeinado tardío en la máquina nueva. Después nos acostamos a leer. Ella La sueñera, de Ana María Shua; yo Balada, de Marcelo Cohen. Después uno de los dos apagó la luz. Hacía tiempo que no viajaba tanto.

28 de septiembre de 2012

On, off

Aterrizo en España después de un largo viaje, enciendo la tele pública (o lo que queda de ella) y me encuentro al gallardo Gallardón sosteniendo disparates con la corbata fruncida. Debajo de la imagen del ministro circulan titulares como estos: «Rajoy viaja a Nueva York para defender a España en el Consejo de Seguridad de la ONU». No sé qué me irrita más: si el aroma franquista de la frase (¡a defender la Península, que nos invaden!) o su cínico simplismo (¿es precisamente en la ONU donde los ciudadanos necesitamos que nos defiendan hoy?). Intentar infantilizar al espectador no disimula la crisis. La delata. Mientras cambiamos nuestra democracia, cambiemos por lo menos de canal.

25 de septiembre de 2012

Sembrar piedras

Existen distintos tipos de violencia, y la física es tan sólo una de ellas. No justifico ni apruebo la violencia callejera: una vez que empieza, nadie sabe ponerle límites. Pero se me hace difícil no comprenderla. Más todavía si, como de costumbre, la policía contesta a cada piedra con diez disparos. El 15-M ha sido ejemplarmente pacífico en sus protestas. Ningún responsable político tomó en cuenta sus reinvidicaciones. Lo siguiente, porque es inevitable, será que algunos manifestantes pierdan definitivamente la paciencia. Y entonces no valdrá aferrarse al civismo como reproche fácil. Mientras el Gobierno de turno no entienda que ciertos recortes, despidos e injusticias resultan tan violentos como un golpe en la frente, estará sembrando las futuras pedradas en la calle. Cualquier presidente se daría cuenta. ¿Hay alguien ahí?

21 de septiembre de 2012

Cerrajeros y visionarios

Hace dos años y un mes, Fogwill tuvo la ocurrencia de morirse. Hace un año y un mes (cifra de apariencia arbitraria y estructura extrañamente calculada, acaso igual que él mismo) su hija Vera publicó un brillante artículo sobre el duelo. Aquel texto describía, con cierto amor a lo Perec, el interior de la casa de Fogwill sin Fogwill. El museo aún caliente de sus rastros. El desorden de alguien que parecía vivir metaforizándose, fundiendo intimidad y autorretrato. Vera irrumpe en la casa de su padre como una atenta intrusa de algo que le pertenece. Como una extranjera de su genealogía. Y, entre otros mil objetos que parecen una enumeración de Breton, encuentra llaves. Muchas. «Llaves que no abrían nada», especifica. Entonces pienso que hay dos clases de grandes escritores. Los que observan las puertas de su tiempo, para buscar las llaves que las abran. Por ejemplo, Borges. Y aquellos que viven inventando llaves a la espera de que alguien, en algún lugar, encuentre al fin las puertas. Por supuesto, Fogwill.

13 de septiembre de 2012

Breve brindis

La joven narrativa argentina es una maquinaria de tensiones políticas y curiosidad estética. Entre las lecturas que vengo haciendo en este viaje, una de las que más me ha llamado la atención es el libro de cuentos Los refugios, de Edgardo Scott. No sé si porque el autor nació en Lanús, como mi difunta madre. O porque, inexplicablemente, en la foto de la solapa aparece en Granada, donde terminé de criarme. O porque el propio título, con su ambigua invocación (¿un refugio es alivio o miedo?), suscitó en mí un estado de duda sin el cual es imposible leer intensamente. El caso es que abrí el libro con cierta expectativa íntima, cercana a una premonición. Adentrándome en sus páginas, tuve una sensación de descubrimiento parecida a la que experimenté con los primeros cuentos de Samanta Schweblin, El núcleo del disturbio, o más tarde con Glaxo, excelente novela de Hernán Ronsino. La prosa de Scott avanza con una paciencia que jamás es demora. Su precisión tiene algo de esfuerzo disimulado, marca de los genuinos narradores. En eso me recordó a Virgilio Piñera, cuyo microrrelato “Natación” casualmente dialoga con el onírico “Dos láminas”. Algunas de las piezas aspiran a cierta transparencia misteriosa, a un final que nos deja solos ante la interrupción. Otras son brillantes en su búsqueda estilística, sin rozar la estridencia. Es el caso del minimalista “Uvas”, que se deja leer como implícita poética. «El placer de paladearlas en ese breve, mínimo instante», escribe Scott, «es proporcional a la molestia de pelarlas y quitarles las semillas». Acaso lo mismo pueda decirse de los cuentos que bien valen un brindis. 

10 de septiembre de 2012

Del humor como síntesis

Sólo dos cosas van al grano: el deseo y el humor. La diferencia es que el deseo, a veces, necesita disfrazarse de eufemismo. Luchar con el pudor. El humor, por principio, consiste en lo contrario: en quedarse en pelotas. Se alimenta de su propia falta de recato. Quizá por eso, en las crisis, la mejor síntesis suele ser un chiste. En el diario argentino Página/12 leo una viñeta de los certeros Daniel Paz y Rudy. «El Estado debe intervenir en los mercados», declara un personaje. «¿Por?», pregunta, cauto, el otro. «Porque si no», remata el primero, «los mercados intervienen en el Estado». Y así, como de broma, el neoliberalismo se calla la boca.

4 de septiembre de 2012

A escena

Lo más parecido que he visto a la revolución en Buenos Aires son sus teatros. La suma de sus salas opera cada noche una incalculable transformación de la realidad. Escenificar implica, en pocas palabras, experimentar con las posibilidades de lo real. Posibilidades que aquello que llamamos vida suele restringir por una mezcla de malentendido y costumbre. Por eso toda ficción, no importa su argumento, es profundamente política. Voy a ver El culebra de Martín López Brie, ágil tragicomedia sobre la revolución mexicana en particular, y la desolación del idealismo en general. «No quise venderle mi alma al diablo», exclama el protagonista, borrachín combatiente a las supuestas órdenes de Pancho Villa, «porque me pareció desleal vender algo que ni siquiera sé si tengo».


31 de agosto de 2012

Bellos durmientes

Una amiga me explica que nada en el mundo le parece más sexy que un bostezo. Que, al bostezar, un hombre pone en acción todos y cada uno de sus músculos. Que, en ese exacto instante, un espasmo incontenible recorre sus cuerpos. El de él y el de ella. Y que, de alguna forma, ella calibra la virilidad de sus posibles amantes a través sus bostezos. Quizás el amor perfecto consistiría en caer profunda e inmediatamente dormido, en cuanto nos la presentaran, ante la persona de nuestros sueños.

20 de agosto de 2012

De la dulzura

Esta tarde he ido al cine con mi abuela, a quien acaban de diagnosticarle una seria enfermedad, y la he visto sacarse de la boca, a escondidas, el caramelo que yo le había dado, envolverlo en un pañuelo y continuar mirando la pantalla sin siquiera parpadear. A mi abuela no le gusta comer caramelos, pero sí recibirlos. 

15 de agosto de 2012

Con perdón de Petrarca

Hay quien supone, barroco, que rimar es difícil. Que un poema en versos blancos, sin ecos a la vista, exige una menor tensión formal que la paciente, minuciosa simetría de las consonancias. Sin embargo, durante la escritura, muchas de las rimas surgen por inercia: es lo primero que el oído le sugiere a un versificador, que necesita desconfiar de ellas. O bien surgen por azar: en todo borrador es posible detectar rimas involuntarias, a menudo complicadas de suprimir. O bien surgen por mera imperfección: porque los sustantivos, los infinitivos, los adverbios riman empecinadamente entre sí. Paso la noche traduciendo a un poeta contemporáneo del inglés al español. Y descubro pasmado que cada final de verso, al ser traducido literalmente, causa rimas regulares en mi idioma. See-mirror: veo-espejo. Neck-grandfather: cuello-abuelo. Hair-jealousy: pelo-celos. Realizando un sostenido ejercicio de manipulación, casi al alba, logro deshacer esas extrañas consonancias que ni el poeta ni su traductor buscaban. Entonces pienso: si metiera entero este poema en el traductor de google, con perdón de Petrarca, me saldría un soneto.

10 de agosto de 2012

Mafalda muda

El joven Quino cumple ochenta. Mafalda algunos menos, aunque ya va teniendo edad de criar nietos de su edad. La modesta épica de clase media que ilustra (y parodia) la serie explica, en parte, su poder de identificación. Otra razón, más narrativa, es su multiplicidad de registros. Mafalda finge ser protagonista estelar, pero estructuralmente es un hilo conductor. Lo crucial no son tanto sus intervenciones como sus interlocutores. Aunque Mafalda tenga vocación de cuento, sus variopintas amistades la obligan a novelizarse, y en esa ramificación de voces se vuelve irresistible. Como lector, que un personaje tenga siempre una respuesta trascendente para todo me produce una mezcla de admiración e irritación. A veces no saber qué pensar sobre la realidad resulta más expresivo que impartir aforismos morales. Por eso mis mayores simpatías fueron desde el principio para Felipe, existencialista tímido, conmovedor en sus búsquedas y en sus dudas. También me atrae la impaciencia de Guille, su capacidad para reflexionar y, en el cuadro siguiente, patear una tortuga. Los diálogos de Mafalda son memorables. Pero el Quino que más me entusiasma es el de sus otros álbumes, el mudo. Ese que nos delata sin panfletos, desnudando nuestra ideología en elocuente silencio.


(resumen del artículo publicado en Revista Ñ, 20-07-2012. Leer texto completo...)

7 de agosto de 2012

Informar, enfermar

Para justificar el incansable catastrofismo de sus portadas, los medios invocan la función informativa. De ese modo, la inercia sensacionalista queda elevada a ejercicio de franqueza. Como si aquello que la prensa destaca diariamente fuese, por mucho que nos duela, la cruda realidad. Pero lo real no esta ahí de antemano, a la espera de un simple y oportuno espejo. Lo real es sobre todo una construcción colectiva, cuyo contenido mismo depende de sus resúmenes. Por eso los medios no se limitan a reflejar la actualidad. También la priorizan, la articulan, la intervienen. Informar es dar forma. Leo en varios periódicos de España la siguiente secuencia informativa: cae la Bolsa y sube la prima de riesgo (titular superior destacado); el rey Juan Carlos tropieza (titular mediano); se descubre que el cáncer tiene células madre, corrigiéndose el enfoque de la enfermedad y sus posibles tratamientos (titular secundario, bien abajo). ¿Quién y cómo decide la jerarquía entre estos tres planos de la realidad? Mientras tanto, en la Plaza de Colón de Madrid, muy cerca de la sede del PP, se desploma la gigantesca bandera nacional. Cabría preguntarse por qué era tan grande. 

3 de agosto de 2012

Manual de autococina

El 97 por ciento de Groenlandia se descongeló en el mes de julio: un pescado fresco en el refrigerador. Un pedazo del glaciar Petermann navega, transatlántico crujiente, duplicando el tamaño de Manhattan. Como un nombre sustituyendo a otro. Justo debajo de la noticia sobre el iceberg en el diario La Vanguardia, un anuncio promete: «pequeño, ligero, fácil de usar». El invierno de Buenos Aires luce su sol liso. Me imagino el planeta en una cacerola a fuego lento, igual que un antropófago cocinándose a sí mismo. 

31 de julio de 2012

Veranear libros (2)

Y este año, en la pila, están pendientes, ¿cuáles?, qué desorden. La flor azul de Penelope Fitzgerald, particularmente recomendable para los admiradores de Novalis, protagonista de la novela. El último libro de ensayos de Jonathan Franzen, Farther away, del que discreparé con todo gusto. Arrecife de Juan Villoro, cuyos cuentos y artículos son tan buenos que casi nos olvidamos de que sus novelas son tan buenas. Aquí todo es mejor de Justin Taylor, debut de un joven neoyorquino que tiene una pinta estupenda. El libro, digo. Binocular vision de Edith Pearlman, antología de la que he leído comentarios irresistibles y temo que me decepcione. Ideogramas de Juan Carlos Méndez Guédez, uno de los mejores y más divertidos y tristes narradores latinoamericanos de su generación. Purga de Sofi Oksanen, que empieza con una mosca y eso de alguna forma me parece honesto. Mantener la cadena de frío, de los no obstante cálidos Ben Clark y Andrés Catalán. Un assassin blanc comme neige y Éclat du Solitaire de mi adorado Christian Bobin, quien no sé por qué siempre publica a pares y casi nunca lo traducen. Grieta y Todo ajeno de Natalia Litvinova, que también traduce y escribe a pares y aún no ha publicado esos libros nuevos, aunque sé que estoy a punto de leerlos. O Tel quel de Paul Valéry, dos volúmenes de aforismos donde se dice, mira por dónde, que la sintaxis es una facultad del alma. Qué astutamente corto es el verano.

27 de julio de 2012

Veranear libros (1)

Las lecturas de verano son como las de invierno, pero con más esperanza en que el tiempo no corra. Así nos va. Paciencia. Cada año uno se promete leer inmensos novelones, y rara vez cumple semejante propósito. Las vacaciones pasadas me quedé en libros de tamaño intermedio, digamos que novelas para septiembre o marzo, según el hemisferio: El periodista deportivo de Richard Ford, Senectud de Italo Svevo o El misterio de la carretera de Sintra de Eça de Queiroz, que inventó el siglo veinte en pleno diecinueve. También veraneé diarios: los de Cheever y Tolstói, dos tipos difíciles. No de leer. Y poesías reunidas argentinas: la deslumbrante de Joaquín Giannuzzi, a cargo del a su vez poeta Jorge Fondebrider, o la de Juana Bignozzi, La ley tu ley, que valdría la pena releer en España. Y algunos cuentos completos que leí incompletos, como los de Medardo Fraile o la imbatible Flannery O’Connor. La cual, citando a cierto místico francés, dejó dicho que todo lo que se eleva (como las vacaciones) deberá converger (como el otoño, sí).

24 de julio de 2012

Obras menores, genios mayores

Hay dos maneras opuestas de acercarse a los maestros. O esperamos tanto de ellos que, por culpa de su pasado, jamás nos satisfacen. O asumimos la improbabilidad de que se superen y, por si acaso, nos preparamos para un bache. Esta semana he visto consecutivamente To Rome with Love de Woody Allen y Dark Shadows de Tim Burton. Me senté casi resignado a presenciar un desliz en dos genios que admiro hasta cuando me defraudan. El primero venía de un drama fallido (Vicky Cristina Barcelona) y un cliché romanticón (Midnight in Paris). El segundo, de un musical exasperante (Sweeney Todd) y una decepción lujosa (Alicia en el país de las maravillas). Pero a estos señores les debemos milagros como Bullets Over Broadway o Big Fish. Y esas cosas, a diferencia del matrimonio, nos generan lealtad hasta la muerte. Así que fui. Pese a las malas críticas. Pese a todos los augurios. Y, francamente, las disfruté. La de Allen contiene algunos diálogos con los reflejos de antaño y una ocurrencia gloriosa: esa ducha en la ópera. La de Burton despliega un virtuosismo deslumbrante en las actuaciones y asocia el vampirismo, el rock y la poesía romántica. Ambas brillan al principio y decaen al final. Ambas dependen de sus versiones originales: la mezcla permanente de inglés e italiano en la de Allen, la exquisita parodia del acento británico en la de Burton, resultan imposibles de doblar. Y ambas están, aleluya, escritas con humor e inteligencia. Eso es más de lo que ofrece casi cualquier estreno. Así que vayan. Por favor.

19 de julio de 2012

Peritos en catástrofes

Aeropuerto de Barajas, Madrid. A punto de embarcar rumbo a mi tierra de origen, nos encontramos con una amiga argentina. Inevitablemente, desplegando una especie de vengativa solidaridad, ella nos pregunta: «¿Y cómo van las cosas por acá?». Mi pareja andaluza, con resignada costumbre, empieza a hablarle de la crisis del país. Nuestra amiga comenta: «Sí, sí, ya vi que acá se quejan mucho». Bien. Entendido. Nada de victimismos. Aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires. Control de pasaportes a la mañana siguiente. «¿Y qué tal las cosas por España?», pregunta el agente de aduanas. Precavida, mi pareja andaluza contesta que tampoco están tan mal. El agente frunce el ceño como un perito en catástrofes. «¡Eso por ahora!», exclama. Y le sella el pasaporte.

13 de julio de 2012

Bank Airlines


No sé por qué los bancos tienen
cierto gesto de aeródromo
a punto de vaciarse
señores pasajeros contribuyan
la vida no se puede ahorrar
atención atención es la última llamada
a dormir todos este país despega
el personal a bordo vende paracaídas


9 de julio de 2012

Síndrome de Videla

Igual que a largo plazo lo callado grita, los desaparecidos sobreviven reapareciendo una y otra vez. Lo hacen ellos mismos, en forma de fantasma tácito. O a través de los cuerpos que alumbraron. «Antes de ser Victoria yo era María Sol», recuerda una mujer criada por cómplices de los verdugos de sus padres. «Y cuando me llamaba María Sol, todo lo que aporté a la justicia era para proteger a mi apropiador. Y siempre tenés esa deuda interna con vos mismo». Un yo mismo radical, casi incalculable. Que equivaldría a la resta de todo lo que has sido, más la suma de aquello que no pudiste ser. «Cuando declaré, fue como exorcizar todo lo que hice cuando era María Sol. Mi apropiador falleció en 2003 y mi apropiadora en 2007. Yo los amaba profundamente, nunca los odié». En ese amor autofágico está escrita, entre Stevenson y Walsh, la espantosa novela de mis dos países.

4 de julio de 2012

Padre pan

Encuentro un vídeo donde José Viñals recuerda, o saca del horno, a su padre panadero. Viñals fue mi maestro literario. Lo conocí a los 15 años, cuando no le hacemos caso a nadie pero tanto necesitamos consejos. Él me enseñó a discutir cada coma. A preguntarle al personaje. A ser respetuoso con la gramática y atrevido con la forma. Por violencias de la historia y también por vocación nómada, tuvo innumerables domicilios en Buenos Aires, Bogotá, Madrid, Jaén, Valencia, Málaga. Quizá se mudaba para volver a escribir desde cero. La última vez que lo vi, me recibió con su copa de coñac y su máquina de oxígeno. Le pregunté cómo se sentía. Él me contestó que se sentía atado a diez metros de cable. Pero que, cuando estaba optimista, pensaba en la ecuación del radio y la circunferencia y le salían más metros. Nos despedimos desdramatizando. Dije: ¡Descanse, general! José exclamó: ¡Descanso general, eso voy a tener! Su libro póstumo se titula Pan. Lo escucho recitar sobre su padre: «No tuve altura suficiente para darle la mano». Llegué a darle un abrazo a mi abuelo hipotético, al poeta panadero Viñals. Y es como si siguiera faltándome algo en los brazos.